VENTERAS DE MAZORCA EN SAN ANTONIO

El verano empieza a golpear intensamente, es la tarde de jueves y se empieza a sentir la brisa de los farallones,  con el sonar del campanario, se aproximan varios visitantes a este reconocido lugar de la ciudad, con un mirador único y de ambiente fresco, se puede divisar la ciudad completamente, les hablo de la colina de San Antonio.

Alrededor de 5 parejas y 2 grupos familiares se ven caminando sobre el empedrado, y a lo largo del muro de  piedra que conforma la colina, están los vendedores de obleas, bebidas, artesanías y además un particular producto que marca la diferencia, de color dorado, con un brillante oro ancestral se percibe desde la distancia, un ejército de 10 militantes que se organizar de manera circular, en un pabellón que arde en llamas carbonizadas,  que mantiene el fuego vivo con el apoyo de un  trozo de cartón, que es impulsado por una mano desconocida, de momento. En la colina se escucha el particular grito, “llévela pues, si le sale blandita no  me la paga, pague después de consumirla” la voz proviene de una mujer de piel blanca extrema, con una edad  de 42 años  aproximadamente, es  la que comanda el ejército de militantes mazorcas que se dispone a dar sus servicios alimenticios para más de un antojado.

“rica blandita y tostadita, de $ 3.000 y $ 4.000 a la orden” dice Carmen Ñañez nuestra amable ventera de  San Antonio. A la  que le pido una mazorca $ 4.000 para conocer las bondades y garantías del producto. Mientras me deleito aprovecho la aproximación curiosa para preguntarle.

¿Cuántos años vendiendo mazorca  aquí en san Antonio? “Llevo 20 años trabajando aquí,” ¿cómo es el inicio del proceso de tu día? Antes de cualquier respuesta procede a voltear  3 mazorcas que tiene en la  parrilla.  “Vengo pelo, azo y las vendo”, me cuenta que tiene un surtidor que les lleva las mazorcas todas”,  ¿en dónde vives? “en bellavista  ¿cómo te vienes de allá?, “me vengo caminando desde bellavista me demoro unos 20 minutos”, me causa curiosidad esa parte y le pregunto ¿Cómo traes tus cosas?, las guardamos por aquí  todo cerca en un parqueadero.  ¿Cuántos hijos tienes?  “5”  y con este trabajo lo has logrado sacar adelante? “Si tengo 2 niños estudiando y los otros ya tiene sus parejas”. ¿Cuántos años tienen los pequeños?  -ella me dice -7 y 15 años.  Mientras converso con Carmen, ella continua usando su  pedazo de cartón para ventilar el carbón  y este mantenga la fuerza en la llama,  en una pausa se escucha “bien pueda la deliciosa mazorca, llévela blandita, si le sale durita no me paga”, frente a ella sonríe una familia que sonríe y  continua su camino  hacia la capilla para hacerse una foto.

 

De nuevo le pregunto si le gusta traer a sus hijos al trabajar, -me contesta enfáticamente-“No Me gusta traerlos, es mejor que estudie el 15 años estudia en la tarde”. Ahora le  pregunto por su hora de llegada habitual a la colina, Carmen me contesta a las  4.00pm y me quedo hasta las 10.00pm-¿Cuáles son los secretos para quede deliciosa la mazorca? No normal se asa cuando esta blandita es la más sabrosa. ¿Comparten espacio el para trabajar o cómo  es? “No el espacio es de todos”,  al cuestionarle si llegara alguien nuevo, “aquí no puede llegar nadie, ya estamos censadas y nuestra asociación se llama Avosan  Asociación de venteros de san Antonio de Cali..¿hasta cuándo desea vender sus mazorcas? Hasta que me muera y sonríe.

Así es como Carmen ha sido cómplice del amor, para las parejas que se acercan adquirir tan riquísimo producto, resulta casi un ritual turístico visitar la colina de San Antonio y devorarse  unas deliciosas mazorcas, mencionado las familias que viene a conocer y a pasar un rato agradable.

Por esta razón encontramos en la  informalidad un modelo laboral que permite que muchos, tengan ingresos para sobrevivir y sacar su familia adelante.

Miranda & Rizo (citado por Quejada, Yánez, cano, 2009)

 

(…) residuos de los modos de producción precapitalistas, que han

sobrevivido hasta nuestros días. Otros como un fenómeno nuevo,

creciente y relacionado directamente con la pobreza: frente al escaso

desarrollo de la economía en países en desarrollo, que no logran

absorber toda la mano de obra en el mercado formal, entonces los

trabajadores buscan garantizar su sobrevivencia generando su propio

empleo informal. (P.11)

 

Así como lo menciona Miranda & Rizo, vemos como las venteras se han apropiado de una dinámica laboral, que durante más de 20 años, han generado los ingresos suficientes para brindarle el cubrimiento de las necesidades mínimas de las familias colombianas, educación, salud y alimentación.

Autor: Arturo López Tunubala

Comunicador Social.

 

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