En la actualidad tenemos  un tiempo difícil, marcado por un individualismo competitivo, consumista y rivalista, sumado a la perdida de la capacidad de reírnos de nosotros mismo, como un fenómeno renovador para el espíritu.

El reloj marca las 2:00 p.m. y el regreso a la oficina es eminente,  para dicho fin voy pasando  por el puente España, el cual une el centro de la ciudad entre el Bulevar y el  río Cali, en una zona donde se divisa un jardín colorido de bellas rosas, combinado con un azul de un cielo despejado,  que contrasta con la leve apariencia de un río seco, levemente entristecido fruto de la contaminación.

A la distancia vemos  el encanto de una rosa blanca con pétalos de papel, sostenidas por una figura juvenil y fresca, que emana una energía  radiante y amigable, que se aproxima levemente a los transeúntes con el fin de imitarle un poco y robarle una sonrisa para recibir alguna moneda que contribuya  a su labor artística.

“Pues hay días más  o menos,  como días buenos,  yo todo los días le pido a Dios esa gran  motivación para seguir adelante, si la gente le desea colaborar a uno súper, vacano que te regalen una sonrisa y te apoyen, es lo que me inspira a mí a seguir” menciona Gleidy Molina.

Una joven estudiante de 16 años de edad, que cursa el grado 11 de bachillerato y decidió ser una mimo por vocación, la cual desea con la fuerza de Dios culminar sus estudios y poder ingresar al SENA, para adelantar estudios en fotografía, dibujo o algo que tenga que ver con arte. Por otro lado sorprende la actitud espontanea cargada de vitalidad, amor y un carisma pacificador que debe afrontar las reacciones inesperadas de los caminantes.

“aunque hay gente muy malancaruda, le dice ¡ ahhh ya está de payasa!  ¡no no me imite vaya, haga algo bueno!, ósea se ponen a criticar  el trabajo y este trabajo es un arte, sabiendo que otros muchachos están en el vicio o robando y todo, y esto no es robar” afirma Gleidy.

Así pues el puente España resulta el escenario de batalla independista de un instante mágico, alegre y  simpático, ante un extremo de  ira, apatía o de insultos, donde esta mimo de 155 mts  aproximadamente, de un rostro severamente pintado de blanco, con unos finos labios pintados de un rojo intenso, con un par de moñas le dan un matiz fresco, una chaqueta negra y un vestido de rayas blancas con negro, el cual permite conquistar en muchos casos la atención de los nños y las niñas que pasan con sus padres.

Como es tu personaje – ella me dice- “yo soy una mimo súper feliz,  me gusta así con la boca chiquita  y los coranzoncitos  y pues yo hago unas rositas  de servilletas  que es para darle a la gente, soy muy diferente a los otros mimos , me gusta hacerlo, es como arte”. Señala Gleidy.

Detrás de este rostro pintado, existe un alma emprendedora, que a su corta edad decide enfrentarse a la vida con rectitud y entusiasmo soñador, ante los tiempos difíciles de gritos de guerra, decide salir hacer la paz, con la rosa blanca de papel y una sonrisa pacificadora.

“Que siempre sonría  que a pesar  que  su día sea pesado,  sea como sea,  no tenemos la culpa y que ellos no se  desquiten con nosotras, sino que sonreír. sea una motivación.” Afirma Gleidy Molina.

Autor: Arturo López Tunubala

Comunicador Social

 

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