Ayer compartía con mi amigo sociólogo, John Jaime Almeciga, y decimos como nos verá el mundo, cuando le dicen a los colombianos si quieren la paz, y gana el NO, meses después le preguntan que si quiere acabar con la corrupción y dice que no.

Hoy el problema de la corrupción en Colombia, cambia de escenario, y debemos tratarlo como una endemia, como una enfermedad; como lo decía Julián Rodríguez, artista, que casi todos ustedes conocen, cuando en su canción dice que nuestro país no es corrupto, no es ladrón, es un país CLEPTÓMANO, y esa es una enfermedad, que hay que prevenir, y curar

Y cambia de escenario, porque tradicionalmente, la corrupción, se le endilga a los políticos y la empresa privada, excluyendo de esa responsabilidad al grueso de la población, y es precisamente nosotros, los responsables de ser corruptos; como lo dijo el actual Papa de la iglesia católica, definiendo la corrupción como HACER LO QUE NO ES CORRECTO.

La cultura se puede definir como EL MODO DE PENSAR, SENTIR Y ACTUAR DE UNA SOCIEDAD,  y la mayoría de nuestros filósofos populares, que nada tienen que ver con Kant, Aristóteles, platón, Sabater, pues son los que nos criaron: mi papá, los padres de ustedes, con quienes convivimos, nos inculcaron unos valores, que se derivan de su sabiduría popular, que a mi modo de ver no ha sido la mas correcta, por ejemplo el dicho o frase: HAY QUE BAILAR AL SON QUE TOQUEN, NO LUCHE CONTRA LA CORRIENTE, EL MICO APRENDE A LOS GARROTAZOS, eso se ha convertido en fabrica de valores, el dejar hacer y dejar pasar. Por esas enseñanzas de nuestros criadores, es que hoy la corrupción es una práctica validada por la sociedad, hago paréntesis para una frase muy común, QUE EL ALCALDE O GOBERNADOR ROBEN PERO QUE HAGAN LAS OBRAS.

Contrario  lo que pasaba a principios del siglo pasado, cuando existían: el catecismo del padre Astete, el manual de urbanidad de Carreño, entre otros, obligatorios en las escuelas colegios y universidades, quiero decir que se propendía por la honestidad, incluso los negocios de esa época eran de palabra, la palabra valía, pero lentamente y con el inexorable paso del tiempo, estas cátedras se fueron quitando y transformando, hasta no quedar casi nada de ellas, incluso la historia de Colombia ya no se da; por eso cuando uno pregunta que pasó en la masacre de las bananeras, casi nadie sabe de ese holocausto en Santa Marta.

Es decir, los valores, la ética, la convivencia, el respeto a la vida; hay que enseñarlas, ojo enseñarlas, no se dan por si solas, no llegan por mandato divino, no son inherentes a nuestra condición humana, hay que incorporarlas,  hay que aprenderlas, y en ello afinco mi comentario, no nos enseñaron el valor de hacer lo correcto, y nosotros a las nuevas generaciones tampoco, entonces no le endilguemos la culpa a los políticos totalmente, Uribe es producto de la corrupción que todos portamos como enfermedad, igual que Gaviria Pastrana etc. Y ellos no lo van a cambiar, somos nosotros los del común. Por ejemplo, en el carro nos pasamos el semáforo en rojo, con nuestro hijo, y el, ve esta acción como correcta, lo mismo pasa cuando le decimos, diga que no estoy, o con orgullo mencionamos que no hicimos la fila en el banco, por que le llevaba una manzana a la cajera, o cuando vendemos el voto por una dadiva que nos dé el político de turno

Finalmente, enfatizo, que el hogar, la escuela y todas las instituciones educativas deben infundir valores, enseñarlos, y hacerlos aprender, aquí le pido a los sociólogos incorporar esta elemental reflexión, para explicar lo que nos pasa como sociedad.

Veo con buenos ojos que estamos comenzando a despertar en este sentido, soy optimista, fueron 8.5 millones de Colombianos  dijeron en la urnas que el país necesita un cambio, antes lo habían expresado 2.5 millones, cuando votaron por el magistrado Gaviria, hoy aumentó en 6 millones, eso es valioso y dice mucho, luego en la consulta anticorrupción, 11.5 millones lo quieren, y han unido al país; es con ellos que hay que seguir trabajando, haciendo pedagogía, y propender porque enseñemos valores desde la cuna hasta la tumba, como dijo nuestro nobel, GABRIEL GARCÍA MARQUEZ.

La prevención, evita la enfermedad de la corrupción, enseñando los valores, desde la cuna, en el hogar, en las instituciones educativas, pero debe ser un propósito nacional, un proyecto de país, buscando una vida mas digna para todos.

Autor: Sigifredo Aguirre

Asesor socio-empresarial.

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